El espacio virtual y la Internet para distribuir masiva y rápidamente información, para mantenernos en contacto, para debatir, para coordinar estrategias de reflexión y acción, para visibilizarnos, para darnos a conocer y ayudar a clarificar “malentendidos” históricos a menudo maliciosos sobre los movimientos feministas...
En esta última década han surgido en la Red múltiples ciberfeminismos que han ido conformando un amplio abanico de experiencias prácticas demostrando el poder de las Tecnologías de la Información y de la Internet para la creación o el activismo social. Desde el grupo VNS Matrix (Venus Matrix) utilizando en el argumentaje sus trabajos artísticos con el protagonismo de las máquinas, el net.art y los gestos de rebelión contra la sociedad patriarcal hasta las OBN (Old Boys Network) colectivo liderado por la alemana Cornelia Sollfrank , organizadoras en 1997 del Ier Encuentro Internacional Ciberfemista , en el marco de Documenta X, una de las ferias de arte contemporáneo más importantes del mundo que se presenta cada cinco años en Kassel (Alemania), hasta Mujeres en Red y otras redes activistas en los derechos humanos de las mujeres desde diferentes partes del mundo y en diferentes idiomas (Creatividad Feminista desde México, Penelopes en Francia, Cybersolidaires desde Canadá, etc.).
Mientras a principios de los 90 las componentes de VNS Matrix acuñando el término “ciberfeminismo” presentaban en Australia sus primeras instalaciones con formato electrónico -fotografía, sonido y video- y exploraban la construcción de marco social, identidad y sexualidad en el ciberespacio desenmascarando –decían- los mitos masculinos que pueden alejar a las mujeres de los dispositivos de alta tecnología y reivindicando la apropiación por parte de las mujeres de las “herramientas de dominación y control” con la consigna de ruptura “infectando con pensamiento radical a las máquinas para desviarlas del propósito inherente del trazado de autoridad jerárquica”, en Nueva York y Londres las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos y grupos ecologistas y pacifistas empezaban a construir las primeras redes sociales en Internet a partir de “servidores alternativos” y un grupo de mujeres inició el diseño desde la perspectiva de género del uso estratégico de estas redes sociales electrónicas. En 1993 desde la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones se crea el grupo APC-mujeres con la filosofía de utilizar las nuevas tecnologías para el empoderamiento de las mujeres en el mundo, la australiana Karen Banks desde el servidor GreenNet en Londres y la periodista británica Sally Burch con amplia experiencia en comunicación popular y comunicación de género a partir de su trabajo desde la agencia alternativa de información ALAI en Ecuador lideran el equipo de trabajo. Los grupos feministas pioneros en asumir el proyecto en torno a APC son American International American International Health Alliance, Boston Women’s Health Book Collective, Casa de Colores, Center for Women’s Global Leadership, Femnet, Equality Now, Global Fundation for Women, Isis Internacional y De Mujer a Mujer.
Los primeros pasos se sitúan en el debate a través de listas de correo electrónico de las posiciones que los grupos de mujeres quieren trasladar a la IV Conferencia Mundial de Mujeres y el proceso culmina en septiembre de 1995 en Pekín donde un equipo de 40 mujeres de 24 países asegura formación y apoyo a 1.700 usuarias creando además un espacio electrónico con información de las ONGs presentes en China en 18 idiomas que contabilizó 100.000 visitas en su página web. Por primera vez y sin estar presentes físicamente en China las mujeres de todo el mundo pueden hacer el seguimiento on line de los trabajos de la Conferencia y expresar sus opiniones en tiempo real. “Los correos electrónicos enviados a todo el mundo durante las sesiones permitieron acceder a la información a los grupos que no pudieron viajar a Pekín, sin depender de los medios de comunicación tradicionales que, por otro lado, no se caracterizaron por una brillante cobertura del evento. Junto a la reivindicación del uso de la comunicación para el empoderamiento de las mujeres y la exigencia de la democratización de los medios se constató que existían otros caminos a explorar, un nuevo mundo por descubrir y ocupar, un mundo en el que quizás cabría la posibilidad de invertir valores y un espacio todavía sin manipular para poder utilizar en la lucha de las mujeres.”
En Pekín, por primera vez se plantea en una Conferencia Mundial de la Mujer la reivindicación de la comunicación como uno de los Derechos Humanos básicos y como elemento estratégico clave para el cambio social que las mujeres exigen en la lucha por la igualdad de derechos. “Podemos invertir la relación de fuerzas porque tenemos los contenidos y las prácticas. La clave es valorarlas. Es imperativamente necesario tener una estrategia ofensiva, incluso agresiva. No tenemos nada que perder y todo a ganar. Es así como podremos cambiar la imagen en los media: en tanto que actrices (autoras, conceptoras, artistas, realizadoras...) en tanto que sujetos (vida cotidiana, política, trabajo, violencias....) en tanto que público” dice Joelle Palmieri, activista del ciberfeminismo social, especializada en Ciencia de la Informática aplicada a la economía y la gestión y creadora en Francia en junio de 1996 de la red “Penelopes” pionera en la experimentación del sonido y el vídeo con contenidos feministas emitidos a través de programas de televisión vía Internet.
Las redes electrónicas ofrecen una nueva dimensión a la lucha feminista. “La red provee al ciberfeminismo de un vehículo crucialmente diferente que no es de ninguna manera comparable con las anteriores olas feministas. Históricamente -señala Faith Wilding- el feminismo ha dependido de que las mujeres tomaran conjuntamente corporalidad en las cocinas, en las iglesias, en las asambleas y en las calles. La organización celular para la primera fase del feminismo fueron los círculos de costura, los grupos de pecadoras o las organizaciones de caridad de señoras. Las mujeres se encontraban juntas en privado para planear sus campañas públicas para la liberación política y legal. En estas campañas de presencia visible de grupos de mujeres se peleaba contra la soledad silenciada en sus casas, convirtiéndose en un signo público de rebelión femenina y activismo. Las mujeres actuaban juntas, hablaban en público, marchaban a través de las calles, y trastornaban la vida pública realizando actividades que abrían territorios políticos que estaban tradicionalmente cerrados para ellas. Durante la segunda ola del feminismo, que emergió en los tempranos sesenta, las mujeres de nuevo comenzaron a encontrarse juntas para planear acciones. (...) En este tiempo, las feministas comenzaron a dominar una nueva táctica: crear espectáculos de oposición en los media. (...) Cada uno de los monumentos patriarcales recibió un asalto de las feministas en el US movimiento incluyendo el Miss América Pegeant, las oficinas y clubes de Playboy, Wall Street, el Metropolitan Museum of Art, el Pentágono, y la Casa Blanca. Cualquier acción que ocurría, los nuevos medios estaban allí para documentar la ultrajante grosería femenina. Estas tácticas extendieron las noticias del crecimiento feminista nacional e internacionalmente. (...) La tercera ola de feminismo (cultural, eco, teórico, de sexo positivo, lesbiano, antipornográfico, multicultural, etc.,...) -a menudo generalmente denominado postfeminismo- continúa el uso de estos modelos públicos de acción y rebelión (...) Un caso reciente a propósito fue la corta vida pero intensa de la Coalición de Mujeres Activas (WAC) que comenzaron en Nueva York hacia finales de 1991, siguiendo una serie de eventos que enfurecieron a las mujeres en US: El dramático, nacionalmente televisado examen de testigos Hill/Thomas (juicios); el juicio por violación de William Kennedy Smith y Mike Tyson; y las batallas judiciales sobre los derechos de aborto: todo ello contribuyó a tener la sensación de que era el momento de las mujeres para lanzar una “visible y remarcable resistencia” hacia lo social, sexual, económico, y la política de opresión y violencia. WAC rápidamente comenzó a atraer a los media como si impulsase una acción después una acción visible. Ochocientas mujeres se asociaron en el primer año, y fueron aumentando la lista a lo largo de US y Canadá. Muchos de estos sucesos iniciales fueron ganados por la altamente efectiva comunicación y el sistema de trabajo en la red que WAC organizó inmediatamente. Fue decisivo en este sistema la conexión telefónica combinada con un acceso adecuado al fax, al e-mail, y a los contactos de los media. En este sentido, WAC fue una protoelectrónica organización temprana. Habiendo motivado y organizado a muchas mujeres, WAC revigorizó el activismo feminista, y, en la US, permitió una nueva manera de contestación respecto a los tradicionales territorios feministas.”
En esta última década han surgido en la Red múltiples ciberfeminismos que han ido conformando un amplio abanico de experiencias prácticas demostrando el poder de las Tecnologías de la Información y de la Internet para la creación o el activismo social. Desde el grupo VNS Matrix (Venus Matrix) utilizando en el argumentaje sus trabajos artísticos con el protagonismo de las máquinas, el net.art y los gestos de rebelión contra la sociedad patriarcal hasta las OBN (Old Boys Network) colectivo liderado por la alemana Cornelia Sollfrank , organizadoras en 1997 del Ier Encuentro Internacional Ciberfemista , en el marco de Documenta X, una de las ferias de arte contemporáneo más importantes del mundo que se presenta cada cinco años en Kassel (Alemania), hasta Mujeres en Red y otras redes activistas en los derechos humanos de las mujeres desde diferentes partes del mundo y en diferentes idiomas (Creatividad Feminista desde México, Penelopes en Francia, Cybersolidaires desde Canadá, etc.).
Mientras a principios de los 90 las componentes de VNS Matrix acuñando el término “ciberfeminismo” presentaban en Australia sus primeras instalaciones con formato electrónico -fotografía, sonido y video- y exploraban la construcción de marco social, identidad y sexualidad en el ciberespacio desenmascarando –decían- los mitos masculinos que pueden alejar a las mujeres de los dispositivos de alta tecnología y reivindicando la apropiación por parte de las mujeres de las “herramientas de dominación y control” con la consigna de ruptura “infectando con pensamiento radical a las máquinas para desviarlas del propósito inherente del trazado de autoridad jerárquica”, en Nueva York y Londres las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos y grupos ecologistas y pacifistas empezaban a construir las primeras redes sociales en Internet a partir de “servidores alternativos” y un grupo de mujeres inició el diseño desde la perspectiva de género del uso estratégico de estas redes sociales electrónicas. En 1993 desde la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones se crea el grupo APC-mujeres con la filosofía de utilizar las nuevas tecnologías para el empoderamiento de las mujeres en el mundo, la australiana Karen Banks desde el servidor GreenNet en Londres y la periodista británica Sally Burch con amplia experiencia en comunicación popular y comunicación de género a partir de su trabajo desde la agencia alternativa de información ALAI en Ecuador lideran el equipo de trabajo. Los grupos feministas pioneros en asumir el proyecto en torno a APC son American International American International Health Alliance, Boston Women’s Health Book Collective, Casa de Colores, Center for Women’s Global Leadership, Femnet, Equality Now, Global Fundation for Women, Isis Internacional y De Mujer a Mujer.
Los primeros pasos se sitúan en el debate a través de listas de correo electrónico de las posiciones que los grupos de mujeres quieren trasladar a la IV Conferencia Mundial de Mujeres y el proceso culmina en septiembre de 1995 en Pekín donde un equipo de 40 mujeres de 24 países asegura formación y apoyo a 1.700 usuarias creando además un espacio electrónico con información de las ONGs presentes en China en 18 idiomas que contabilizó 100.000 visitas en su página web. Por primera vez y sin estar presentes físicamente en China las mujeres de todo el mundo pueden hacer el seguimiento on line de los trabajos de la Conferencia y expresar sus opiniones en tiempo real. “Los correos electrónicos enviados a todo el mundo durante las sesiones permitieron acceder a la información a los grupos que no pudieron viajar a Pekín, sin depender de los medios de comunicación tradicionales que, por otro lado, no se caracterizaron por una brillante cobertura del evento. Junto a la reivindicación del uso de la comunicación para el empoderamiento de las mujeres y la exigencia de la democratización de los medios se constató que existían otros caminos a explorar, un nuevo mundo por descubrir y ocupar, un mundo en el que quizás cabría la posibilidad de invertir valores y un espacio todavía sin manipular para poder utilizar en la lucha de las mujeres.”
En Pekín, por primera vez se plantea en una Conferencia Mundial de la Mujer la reivindicación de la comunicación como uno de los Derechos Humanos básicos y como elemento estratégico clave para el cambio social que las mujeres exigen en la lucha por la igualdad de derechos. “Podemos invertir la relación de fuerzas porque tenemos los contenidos y las prácticas. La clave es valorarlas. Es imperativamente necesario tener una estrategia ofensiva, incluso agresiva. No tenemos nada que perder y todo a ganar. Es así como podremos cambiar la imagen en los media: en tanto que actrices (autoras, conceptoras, artistas, realizadoras...) en tanto que sujetos (vida cotidiana, política, trabajo, violencias....) en tanto que público” dice Joelle Palmieri, activista del ciberfeminismo social, especializada en Ciencia de la Informática aplicada a la economía y la gestión y creadora en Francia en junio de 1996 de la red “Penelopes” pionera en la experimentación del sonido y el vídeo con contenidos feministas emitidos a través de programas de televisión vía Internet.
Las redes electrónicas ofrecen una nueva dimensión a la lucha feminista. “La red provee al ciberfeminismo de un vehículo crucialmente diferente que no es de ninguna manera comparable con las anteriores olas feministas. Históricamente -señala Faith Wilding- el feminismo ha dependido de que las mujeres tomaran conjuntamente corporalidad en las cocinas, en las iglesias, en las asambleas y en las calles. La organización celular para la primera fase del feminismo fueron los círculos de costura, los grupos de pecadoras o las organizaciones de caridad de señoras. Las mujeres se encontraban juntas en privado para planear sus campañas públicas para la liberación política y legal. En estas campañas de presencia visible de grupos de mujeres se peleaba contra la soledad silenciada en sus casas, convirtiéndose en un signo público de rebelión femenina y activismo. Las mujeres actuaban juntas, hablaban en público, marchaban a través de las calles, y trastornaban la vida pública realizando actividades que abrían territorios políticos que estaban tradicionalmente cerrados para ellas. Durante la segunda ola del feminismo, que emergió en los tempranos sesenta, las mujeres de nuevo comenzaron a encontrarse juntas para planear acciones. (...) En este tiempo, las feministas comenzaron a dominar una nueva táctica: crear espectáculos de oposición en los media. (...) Cada uno de los monumentos patriarcales recibió un asalto de las feministas en el US movimiento incluyendo el Miss América Pegeant, las oficinas y clubes de Playboy, Wall Street, el Metropolitan Museum of Art, el Pentágono, y la Casa Blanca. Cualquier acción que ocurría, los nuevos medios estaban allí para documentar la ultrajante grosería femenina. Estas tácticas extendieron las noticias del crecimiento feminista nacional e internacionalmente. (...) La tercera ola de feminismo (cultural, eco, teórico, de sexo positivo, lesbiano, antipornográfico, multicultural, etc.,...) -a menudo generalmente denominado postfeminismo- continúa el uso de estos modelos públicos de acción y rebelión (...) Un caso reciente a propósito fue la corta vida pero intensa de la Coalición de Mujeres Activas (WAC) que comenzaron en Nueva York hacia finales de 1991, siguiendo una serie de eventos que enfurecieron a las mujeres en US: El dramático, nacionalmente televisado examen de testigos Hill/Thomas (juicios); el juicio por violación de William Kennedy Smith y Mike Tyson; y las batallas judiciales sobre los derechos de aborto: todo ello contribuyó a tener la sensación de que era el momento de las mujeres para lanzar una “visible y remarcable resistencia” hacia lo social, sexual, económico, y la política de opresión y violencia. WAC rápidamente comenzó a atraer a los media como si impulsase una acción después una acción visible. Ochocientas mujeres se asociaron en el primer año, y fueron aumentando la lista a lo largo de US y Canadá. Muchos de estos sucesos iniciales fueron ganados por la altamente efectiva comunicación y el sistema de trabajo en la red que WAC organizó inmediatamente. Fue decisivo en este sistema la conexión telefónica combinada con un acceso adecuado al fax, al e-mail, y a los contactos de los media. En este sentido, WAC fue una protoelectrónica organización temprana. Habiendo motivado y organizado a muchas mujeres, WAC revigorizó el activismo feminista, y, en la US, permitió una nueva manera de contestación respecto a los tradicionales territorios feministas.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario